lunes, 21 de septiembre de 2009

¿DE QUIÉN NOS PODEMOS FIAR?

¿De quién nos podemos fiar? ¿Cuál es nuestra referencia en la vida? Buscamos una seguridad, alguien en quien apoyarnos... pero nadie nos la puede dar. El hombre es tan variable! Cualquier cosa le puede hacer cambiar de ánimo, de dirección, de criterio... La inseguridad, las experiencias del pasado, un conflicto sin resolver... El humor, el temperamento. Todo nos hace vulnerables, manipulables y, en definitiva, poco de fiar. Desde la persona más cuerda y cabal hasta nosotros mismos, todos vivimos a expensas de esta locura! No nos extrañemos cuando alguien nos falle o no responda a nuestras expectativas, qué esperábais? En el fondo estamos todos un poco locos, es el desequilibrio el que nos gobierna, más que el equilibrio. El equilibrio lo buscamos, lo perseguimos... lo necesitamos! pero mientras tanto vivimos en plena locura! Jesús ha venido a ofrecernos esa referencia, su Evangelio es la buena noticia de la salvación... de la salvación de esta locura. Ha venido a proclamar la verdad sobre quienes somos y qué referencia tomar en la vida. Seguiremos estando un poco locos pero al menos ahora sabemos que existe cura.

martes, 15 de septiembre de 2009

No me abandones

No me abandones,
vuelo alto, más alto.
...pero no me abandones

miércoles, 2 de septiembre de 2009

VUESTRA SOY

Vuestra soy, para Vos nací,
¿qué mandáis hacer de mí?

Soberana Majestad,
eterna sabiduría,
bondad buena al alma mía;
Dios alteza, un ser, bondad,
la gran vileza mirad
que hoy os canta amor así:
¿qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, pues me criasteis,
vuestra, pues me redimisteis,
vuestra, pues que me sufristeis,
vuestra pues que me llamasteis,
vuestra porque me esperasteis,
vuestra, pues no me perdí:
¿qué mandáis hacer de mí?

¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
que haga tan vil criado?
¿Cuál oficio le habéis dado
a este esclavo pecador?
Veisme aquí, mi dulce Amor,
amor dulce, veisme aquí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma,
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición;
dulce Esposo y redención,
pues por vuestra me ofrecí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Dadme muerte, dadme vida:
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad,
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a todo digo que sí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo,
pues del todo me rendí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Si queréis, dadme oración,
si no, dadme sequedad,
si abundancia y devoción,
y si no esterilidad.
Soberana Majestad,
sólo hallo paz aquí:
¿qué mandáis hacer de mi?

Dadme, pues, sabiduría,
o por amor, ignorancia;
dadme años de abundancia,
o de hambre y carestía;
dad tiniebla o claro día,
revolvedme aquí o allí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Si queréis que esté holgando,
quiero por amor holgar.
Si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando.
Decid, ¿dónde, cómo y cuándo?
Decid, dulce Amor, decid:
¿qué mandáis hacer de mí?

Dadme Calvario o Tabor,
desierto o tierra abundosa;
sea Job en el dolor,
o Juan que al pecho reposa;
sea viña fructuosa
o estéril, si cumple así:
¿qué mandáis hacer de mí?

Sea José puesto en cadenas,
o de Egipto adelantado,
o David sufriendo penas,
o ya David encumbrado;
sea Jonás anegado,
o libertado de allí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Esté callando o hablando,
haga fruto o no le haga,
muéstreme la ley mi llaga,
goce de Evangelio blando;
esté penando o gozando,
sólo vos en mí vivid:
¿qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, para vos nací,
¿qué mandáis hacer de mí?

(Santa Teresa)

martes, 1 de septiembre de 2009