Te entrego mi alma, es toda tuya. Harás con ella lo que desees y yo lo aceptaré.
Se reirán todos de mí pues ya no seré dueño de mí mismo. Sin principios ni finales, sin planes ni proyectos… Ya sólo seré un gran “Tú”. Me abandonaré completamente a Ti y Tú me llenarás con el Universo entero, el mismo que has creado. Y eso me colmará como un acto de amor infinito.
Mi ser, mis pensamientos, mis construcciones…. Todo será substituido por playas de arena fina, flores que todavía nadie ha visto y vientos que están aun por soplar.
El todo y la nada serán lo mismo dentro de mí. Y puesto que sólo habrá un gran presente… qué más dará vivir que morir?
La vida que yo me construido dará paso a la vida verdadera, la que Tú sigues construyendo verano tras verano…
Dejaré de buscarle sentido a las cosas. Sólo Tú eres el sentido.
Dejaré de preguntarme qué sucederá mañana. La palabra 'mañana' ya no tiene ningún significado para mí.
Dejaré de mendigar por las esquinas. Me satisface más el hambre de Ti que los festines grasientos que el primero que pase me pueda ofrecer.
Sólo quiero salvar toda la vida que hay en mí y en los demás, toda la alegría que encuentro en este mundo. Meterlas en un vaso de cristal muy fino y hacer que brillen al sol.
A tu Sol.
jueves, 10 de junio de 2010
miércoles, 9 de junio de 2010
martes, 8 de junio de 2010
Ayer aprendí algo nuevo. Aprendí que la vida plena no consiste únicamente en amar. No, es preciso también... desear!
Sí! Desear ardientemente! Hacerlo con todas las fuerzas, con todo el corazón... comprometer en ese deseo todo nuestro ser, toda nuestra energía... hasta consumirnos! Desear hasta el extremo.
Dios nos pide que deseemos y no sólo algo tan abstrapto como un mundo mejor... nos pide que nos comprometamos, que nos impliquemos interiormente en los problemas de esta o aquella persona. Que deseemos a morir que sus ataduras se rompan y se libere por fin.
Aunque desear es exponerse al sufrimiento, es saber que inevitablemente el dolor estará presente! Pero... no es un dolor que da la vida??
Muchas veces la oración no es otra cosa que deseo, deseo en estado puro. Es consumirse en ese deseo ante Dios y empaparse en lágrimas... es entrega total hacia una causa que creemos justa y buena y gritar de rabia deseando que triunfe.
Yo aprendí hace muchos años: "Cuidado con lo que deseas". Porque desear significaba perder el control sobre mí mismo, signficaba dejarme llevar por un impulso desconocido, sin control...aterrador! Procuraba ponerme de perfil, no implicarme... No dejando que las cosas superaran una justa medida no sea que apareciera el deseo y lo desbordara todo. Todo medido, todo controlado. Sin comprometerme con el mundo...
Ahora quiero olvidar eso que aprendí.
Porque ahora mi deseo está ligado íntimamente a la confianza en Dios... Ahora "me lanzaré al fragor de la batalla dejando mi corazón junto a los pies de loto de mi Señor".
Desear ardientemente, confiar ciegamente... para vivir... hasta el extremo!
Sí! Desear ardientemente! Hacerlo con todas las fuerzas, con todo el corazón... comprometer en ese deseo todo nuestro ser, toda nuestra energía... hasta consumirnos! Desear hasta el extremo.
Dios nos pide que deseemos y no sólo algo tan abstrapto como un mundo mejor... nos pide que nos comprometamos, que nos impliquemos interiormente en los problemas de esta o aquella persona. Que deseemos a morir que sus ataduras se rompan y se libere por fin.
Aunque desear es exponerse al sufrimiento, es saber que inevitablemente el dolor estará presente! Pero... no es un dolor que da la vida??
Muchas veces la oración no es otra cosa que deseo, deseo en estado puro. Es consumirse en ese deseo ante Dios y empaparse en lágrimas... es entrega total hacia una causa que creemos justa y buena y gritar de rabia deseando que triunfe.
Yo aprendí hace muchos años: "Cuidado con lo que deseas". Porque desear significaba perder el control sobre mí mismo, signficaba dejarme llevar por un impulso desconocido, sin control...aterrador! Procuraba ponerme de perfil, no implicarme... No dejando que las cosas superaran una justa medida no sea que apareciera el deseo y lo desbordara todo. Todo medido, todo controlado. Sin comprometerme con el mundo...
Ahora quiero olvidar eso que aprendí.
Porque ahora mi deseo está ligado íntimamente a la confianza en Dios... Ahora "me lanzaré al fragor de la batalla dejando mi corazón junto a los pies de loto de mi Señor".
Desear ardientemente, confiar ciegamente... para vivir... hasta el extremo!
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