Podemos pensar que el ser humano completo no es una persona sino una pareja: Dios y la humanidad, dos amantes. Por este motivo, Dios mismo, también inflamado de Amor, viene a nuestro encuentro a través de su Hijo Jesucristo “Dios con nosotros” para ofrecernos su amistad: “Permaneced en mí, como yo permanezco en vosotros. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco vosotros, si no permanecéis en mí” (Jn 15, 4).
Jesús nos llama por ello a acoger este deseo ardiente del Padre y a confiar en Él para vivir ese encuentro: esta es Su voluntad.
Me voy a atrever a poner la “voluntad de Dios” en un contexto distinto, a verla desde un prisma diferente.
A veces tendemos a “someternos” a la voluntad de Dios, como un esclavo se somete a su amo y cumple su voluntad sin más.
Jesús en cambio nos dice en su testamento espiritual de la Última Cena: “Ya no os llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo os llamo amigos, porque os he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre” (Jn 15, 15). El sometimiento del siervo es incompatible con la libertad de la verdadera amistad.
Jesús nos ha dado la dignidad de amigos “porque os he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre”. Su voluntad se ha vuelto, por tanto, transparente: acoger sus deseos de plenitud trabajando en Su proyecto de Amor.
Revestidos de esta nueva dignidad, hacer la voluntad del Padre significa corresponder a sus anhelos fundiéndonos en sus proyectos, en sus planes, en sus sueños con la misma confianza que un hijo camina de la mano de su madre. Es hacer nuestro corazón uno sólo con el Suyo y mirar así con Él en la misma dirección:
“Jesús le dijo: ‘El que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en un chorro que salta hasta la vida eterna.’” (Jn 4, 13-14)
Jesús nos llama a aunar fuerzas con el Padre, a unir voluntades y trabajar juntos para continuar la maravilla de la Creación, la construcción de su Reino, con el sueño siempre presente de la Resurrección. Y es tal su respeto y su amor que no impone, invita. No nos fuerza, nos espera. Y porque nos necesita, Él confía, confía siempre, a pesar de que ello suponga colocarse voluntariamente en una posición vulnerable y dependiente de nuestro comportamiento, como nos demostró a través de su Pasión y su muerte.
Hacer la voluntad de Dios es ser lo que siempre hemos estado llamados a ser, a realizarnos como las personas que Él soñó. Somos agentes necesarios para culminar su proyecto de amor y nos dio para ello unos talentos, unos carismas, con los que afrontar los retos de la vida que nos trae nuestra Comunión con Él.
“Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo: Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré, te puse por profeta a las naciones. Entonces dije: ¡Ah, Señor Dios! He aquí, no sé hablar, porque soy joven. Pero el Señor me dijo: No digas: "Soy joven", porque adondequiera que te envíe, irás, y todo lo que te mande, dirás. No tengas temor ante ellos, porque contigo estoy para librarte, declara el Señor” (Jeremías 1, 4-8).
SI MAYOR
martes, 7 de febrero de 2012
lunes, 30 de enero de 2012
EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO
Viktor Franckl fue un psiquiatra y neurólogo austriaco de reconocido prestigio que desde 1942 estuvo prisionero por su condición de judío en varios campos de concentración, entre ellos Auschwitz y Dachau. Fue liberado el 27 de abril de 1945 por el ejército norteamericano. Viktor Frankl sobrevivió al Holocausto, pero tanto su esposa como sus padres fallecieron en los campos de concentración.
Durante su cautiverio, observando los comportamientos de sus compañeros de cautiverio desde un punto de vista clínico, llegó a la conclusión de que los prisioneros que tenían más probabilidades de sobrevivir eran aquéllos que, independientemente de su forma física, tenían un motivo por el que vivir. De este modo, el novio enamorado con planes inminentes de boda, el padre a quien una hija enferma espera para ser atendida, el intelectual pendiente de realizar las últimas correcciones a un estudio antes de ser publicado… Todos ellos, cuando se aferraban a ese destino que trascendía al sufrimiento que estaban experimentando, lograban continuar adelante.
Viktor Franckl entendió que la vida esconde siempre un sentido que está por encima de las circunstancias a las que diariamente nos enfrentamos. Un sentido que no siempre conocemos pero que está ahí, y su mera existencia hace que esta vida pueda vivirse en plenitud.
En su libro “El hombre en busca de sentido” contrapone a la psicoterapia tradicional, que se centra en evitar el sufrimiento, la logoterapia (de logos = sentido) que, por el contrario, sale a su encuentro para que nos desvele su sentido en nuestra vida. “Son las circunstancias especialmente adversas o difíciles las que otorgan al hombre la oportunidad de crecer espiritualmente más allá de sí mismo”. Y una vez encontrado el sentido de ese sufrimiento, un sufrimiento inevitable no masoquista, tendremos la posibilidad de afrontar nuestra situación con grandeza, con entereza, con la serenidad de quien sabe que, a pesar del misterio, todo es para bien. Podrá nacer entonces un inmenso orgullo, una esperanza real e incluso una sincera ilusión.
Afrontar así las circunstancias dependerá en última instancia de una decisión libre por nuestra parte. Una decisión que es reflejo de la dignidad del ser humano, a quien hasta las situaciones más extremas no le pueden privar de su capacidad de elección.
En el caso del cristiano, creo que lo que da el verdadero sentido a su vida es el deseo de comunión con Dios y su Creación, el cual tiene su apogeo en la esperanza de la futura Resurrección: el encuentro definitivo.
Creo que el ser humano, de una manera de otra, de modo más o menos torpe, recorre su vida buscando esa sensación de plenitud, ese gozo intenso e inexplicable que todos hemos alguna vez experimentado y que nos ha fundido en un instante con el resto del universo.
La gran esperanza de la Resurrección es lo que da precisamente sentido a nuestra vida actual. El hombre necesita proyectarse, para vivir plenamente su presente necesita una meta futura con la que soñar, un objetivo por alcanzar. “En cambio – afirma Franckl- si se zambulle en la amarga lucha por la supervivencia, es capaz de olvidar su humana dignidad y se comporta poco más allá a como lo haría un animal”.
Durante su cautiverio, observando los comportamientos de sus compañeros de cautiverio desde un punto de vista clínico, llegó a la conclusión de que los prisioneros que tenían más probabilidades de sobrevivir eran aquéllos que, independientemente de su forma física, tenían un motivo por el que vivir. De este modo, el novio enamorado con planes inminentes de boda, el padre a quien una hija enferma espera para ser atendida, el intelectual pendiente de realizar las últimas correcciones a un estudio antes de ser publicado… Todos ellos, cuando se aferraban a ese destino que trascendía al sufrimiento que estaban experimentando, lograban continuar adelante.
Viktor Franckl entendió que la vida esconde siempre un sentido que está por encima de las circunstancias a las que diariamente nos enfrentamos. Un sentido que no siempre conocemos pero que está ahí, y su mera existencia hace que esta vida pueda vivirse en plenitud.
En su libro “El hombre en busca de sentido” contrapone a la psicoterapia tradicional, que se centra en evitar el sufrimiento, la logoterapia (de logos = sentido) que, por el contrario, sale a su encuentro para que nos desvele su sentido en nuestra vida. “Son las circunstancias especialmente adversas o difíciles las que otorgan al hombre la oportunidad de crecer espiritualmente más allá de sí mismo”. Y una vez encontrado el sentido de ese sufrimiento, un sufrimiento inevitable no masoquista, tendremos la posibilidad de afrontar nuestra situación con grandeza, con entereza, con la serenidad de quien sabe que, a pesar del misterio, todo es para bien. Podrá nacer entonces un inmenso orgullo, una esperanza real e incluso una sincera ilusión.
Afrontar así las circunstancias dependerá en última instancia de una decisión libre por nuestra parte. Una decisión que es reflejo de la dignidad del ser humano, a quien hasta las situaciones más extremas no le pueden privar de su capacidad de elección.
En el caso del cristiano, creo que lo que da el verdadero sentido a su vida es el deseo de comunión con Dios y su Creación, el cual tiene su apogeo en la esperanza de la futura Resurrección: el encuentro definitivo.
Creo que el ser humano, de una manera de otra, de modo más o menos torpe, recorre su vida buscando esa sensación de plenitud, ese gozo intenso e inexplicable que todos hemos alguna vez experimentado y que nos ha fundido en un instante con el resto del universo.
La gran esperanza de la Resurrección es lo que da precisamente sentido a nuestra vida actual. El hombre necesita proyectarse, para vivir plenamente su presente necesita una meta futura con la que soñar, un objetivo por alcanzar. “En cambio – afirma Franckl- si se zambulle en la amarga lucha por la supervivencia, es capaz de olvidar su humana dignidad y se comporta poco más allá a como lo haría un animal”.
martes, 26 de abril de 2011
"YO y TÚ" (Martin Buber)
"El "Tú" se encuentra conmigo por gracia, no como resultado de una búsqueda. Pero el hecho de que yo diga "Tú", que me dirija al otro con esta palabra fundamental, es la razón de mi ser, lo que me hace existir. Me convierto en "Yo" por el "Tú". Decir "Tú" me convierte en "Yo". Toda vida verdadera es encuentro.
lunes, 25 de abril de 2011
''Hago todo por llegar a Ti'' (Mario Santana)
''Hago todo por llegar a Ti''. CAMINAR CON JESÚS!
Juan: 14,6
En numerosas ocasiones, me he encontrado cristianos que viven el seguimiento de Jesús como una verdadera tortura. Parece que van corriendo tras ese Jesús inalcanzable que siempre les lleva la delantera. Esto produce en la persona que honestamente quiere estar con el Señor un ...fuerte desasosiego.
Seguir a Jesús no es ir pisando sus mismas pisadas sino saber que el Señor Resucitado va a nuestro lado. La diferencia entre ambas concepciones del seguimiento son importantes para la paz interior del auténtico discípulo.
En la vida podemos plantearnos el seguimiento de Jesús como una meta por conseguir. Si voy por el camino del Maestro, tarde o temprano me encontraré con Él me parece que plantear esto así genera más desencanto que paz.
Les propongo una nueva manera de concebir el seguimiento de Cristo. Seguir al Señor es dejarlo que sea nuestro compañero de camino. Él nunca va delante de nosotros. Él siempre está a nuestra altura, a nuestro lado.
Sentir a Jesús a nuestro lado, vivir el seguimiento como compañía, supone que tú no vas al ritmo que Él marca, sino justo lo contrario. Esa es la grandeza de nuestro Dios: se hace uno como nosotros para entender y compartir nuestro paseo por la vida. Sentir al Señor como compañero de camino significa que Él no nos da prisas, que respeta nuestra torpe camino, pero nos habla al oído del corazón y deja que sus palabras cambien nuestra ruta.
Para quien de verdad busca a Dios cualquier sendero le conduce a Él, porque el Señor nunca es una meta sino un descubrimiento en nuestro respirar diario. No hay que llegar al Señor, hay que dejarse acompañar por Él.
[... ]La ventaja de ver al Señor como nuestro auténtico compañero de camino, es saber que no nos da prisas sino que va descubriendo el mundo y la vida junto con nosotros. Orar es un diálogo no con quien está lejos sino con quien te acompaña en tu caminar diario.
Dios va al paso que tú puedes andar. No va ni más despacio ni más deprisa. Cuando te paras, Él se para contigo. Cuando corres, Él aligera también su marcha. Cuando te sientas a descansar, Él reposa contigo. El ritmo de tu marcha hacia el encuentro definitivo siempre lo marcas tú. Ese es el maravilloso juego de la libertad del hombre y de la fidelidad de Dios. Toda la vida del cristiano [...] viene marcada no por intentar llegar a Dios como una meta lejana, sino saber que el Señor es nuestro compañero diario de camino.
miércoles, 20 de abril de 2011
LÍBRANOS DEL MIEDO (Gianfranco Ravasi)
"Tenemos que ser libres del miedo. No es el poder lo que corrompe, es el miedo. El temor de perder el poder corrompe a quien lo detiene y el miedo al castigo por parte del poder corrompe al que está sujeto a él."
Es una mujer frágil a primera vista, con un rostro con ojos que te trasfiguran: es Aung San Suu Kyi, premio Nóbel de la Paz en 1991, obligada a permanecer en la cárcel durante años y en este momento en arresto domiciliario por el régimen militar birmano, aun a pesar de ser la hija del héroe de la independencia de ese país. He recogido estas palabras suyas sobre el miedo porque se puede decir que son su programa de lucha por la libertad. No es necesario multiplicar los comentarios en torno a una verdad tan evidente. El miedo, de hecho, es la raíz de tantas vergüenzas que se cometen. Y es por esto que el gran Montagne, no dudaba en confesar: "El miedo es la cosa que me da más miedo".
El miedo a perder a perder un cargo te lleva a la adulación, al engaño, a la humillación. El miedo a perder un afecto te empuja a los celos y actos mezquinos. El miedo a perder el predominio sobre los demás te convierte en implacable y finalmente en cruel. El miedo a perder la fama te hace vanidoso y fatuo. Podríamos seguir adelante y con esta letanía de debillidades y miserias; por esto es justo invocar a Dios con el fin de que nos libere de todo miedo y cobardía y nos vuelva valientes y serenos. Dicho esto quisiera distinguir el miedo de una realidad distinta que utilizamos a menudo como sinónimo: el temor. A menudo, de hecho, nos creemos audaces cuando en realidad no hemos respetado al otro y se vuelve así uno arrogante, insolente, impertinente. Si el miedo puede ser un defecto, el temor es una virtud. Por este motivo se lee en la Bibilia. "el temor del Señor es principio de sabiduría" (Proverbios 1,7)
(artículo publicado en el periódico "Avvenire" del 29 de marzo de 2011)
Es una mujer frágil a primera vista, con un rostro con ojos que te trasfiguran: es Aung San Suu Kyi, premio Nóbel de la Paz en 1991, obligada a permanecer en la cárcel durante años y en este momento en arresto domiciliario por el régimen militar birmano, aun a pesar de ser la hija del héroe de la independencia de ese país. He recogido estas palabras suyas sobre el miedo porque se puede decir que son su programa de lucha por la libertad. No es necesario multiplicar los comentarios en torno a una verdad tan evidente. El miedo, de hecho, es la raíz de tantas vergüenzas que se cometen. Y es por esto que el gran Montagne, no dudaba en confesar: "El miedo es la cosa que me da más miedo".
El miedo a perder a perder un cargo te lleva a la adulación, al engaño, a la humillación. El miedo a perder un afecto te empuja a los celos y actos mezquinos. El miedo a perder el predominio sobre los demás te convierte en implacable y finalmente en cruel. El miedo a perder la fama te hace vanidoso y fatuo. Podríamos seguir adelante y con esta letanía de debillidades y miserias; por esto es justo invocar a Dios con el fin de que nos libere de todo miedo y cobardía y nos vuelva valientes y serenos. Dicho esto quisiera distinguir el miedo de una realidad distinta que utilizamos a menudo como sinónimo: el temor. A menudo, de hecho, nos creemos audaces cuando en realidad no hemos respetado al otro y se vuelve así uno arrogante, insolente, impertinente. Si el miedo puede ser un defecto, el temor es una virtud. Por este motivo se lee en la Bibilia. "el temor del Señor es principio de sabiduría" (Proverbios 1,7)
(artículo publicado en el periódico "Avvenire" del 29 de marzo de 2011)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
