Viktor Franckl fue un psiquiatra y neurólogo austriaco de reconocido prestigio que desde 1942 estuvo prisionero por su condición de judío en varios campos de concentración, entre ellos Auschwitz y Dachau. Fue liberado el 27 de abril de 1945 por el ejército norteamericano. Viktor Frankl sobrevivió al Holocausto, pero tanto su esposa como sus padres fallecieron en los campos de concentración.
Durante su cautiverio, observando los comportamientos de sus compañeros de cautiverio desde un punto de vista clínico, llegó a la conclusión de que los prisioneros que tenían más probabilidades de sobrevivir eran aquéllos que, independientemente de su forma física, tenían un motivo por el que vivir. De este modo, el novio enamorado con planes inminentes de boda, el padre a quien una hija enferma espera para ser atendida, el intelectual pendiente de realizar las últimas correcciones a un estudio antes de ser publicado… Todos ellos, cuando se aferraban a ese destino que trascendía al sufrimiento que estaban experimentando, lograban continuar adelante.
Viktor Franckl entendió que la vida esconde siempre un sentido que está por encima de las circunstancias a las que diariamente nos enfrentamos. Un sentido que no siempre conocemos pero que está ahí, y su mera existencia hace que esta vida pueda vivirse en plenitud.
En su libro “El hombre en busca de sentido” contrapone a la psicoterapia tradicional, que se centra en evitar el sufrimiento, la logoterapia (de logos = sentido) que, por el contrario, sale a su encuentro para que nos desvele su sentido en nuestra vida. “Son las circunstancias especialmente adversas o difíciles las que otorgan al hombre la oportunidad de crecer espiritualmente más allá de sí mismo”. Y una vez encontrado el sentido de ese sufrimiento, un sufrimiento inevitable no masoquista, tendremos la posibilidad de afrontar nuestra situación con grandeza, con entereza, con la serenidad de quien sabe que, a pesar del misterio, todo es para bien. Podrá nacer entonces un inmenso orgullo, una esperanza real e incluso una sincera ilusión.
Afrontar así las circunstancias dependerá en última instancia de una decisión libre por nuestra parte. Una decisión que es reflejo de la dignidad del ser humano, a quien hasta las situaciones más extremas no le pueden privar de su capacidad de elección.
En el caso del cristiano, creo que lo que da el verdadero sentido a su vida es el deseo de comunión con Dios y su Creación, el cual tiene su apogeo en la esperanza de la futura Resurrección: el encuentro definitivo.
Creo que el ser humano, de una manera de otra, de modo más o menos torpe, recorre su vida buscando esa sensación de plenitud, ese gozo intenso e inexplicable que todos hemos alguna vez experimentado y que nos ha fundido en un instante con el resto del universo.
La gran esperanza de la Resurrección es lo que da precisamente sentido a nuestra vida actual. El hombre necesita proyectarse, para vivir plenamente su presente necesita una meta futura con la que soñar, un objetivo por alcanzar. “En cambio – afirma Franckl- si se zambulle en la amarga lucha por la supervivencia, es capaz de olvidar su humana dignidad y se comporta poco más allá a como lo haría un animal”.