jueves, 29 de enero de 2009
UNA NATURALEZA Y UNA MISIÓN
Sólo tenemos una naturaleza, la naturaleza de hijos de Dios. No soy abogado, ni ejecutivo, ni hermano, ni tío, ni amigo, ni bueno, ni malo. No soy Fernando, ni Caamaño, ni Aramburu. En realidad busco refugiarme en etiquetas y ninguna de ellas se corresponde con lo que realmente soy. Puede que algunas de esas etiquetas me proporcionen algo de orgullo, incluso... me llenen de orgullo. Eso está bien. No obstante nada puede igualarse al orgullo de mi verdadera naturaleza, la naturaleza de hijo de Dios. Dios me ha creado a su imagen y semejanza: soy su reflejo en este mundo, en esta ciudad y en este momento de la historia. No puedo escapar a esa realidad. Refugiarme en mi trabajo sería un error, concentrar toda mi vida en mi familia sería un error, buscar únicamente mis satisfacciones personales sería un error. Todo eso sería caer en un error pues no he sido creado para nada de eso, sería caer en una mentira. Tenemos una misión: contribuir a la construcción del Reino de Dios, y ¿qué es el Reino de Dios? Es este mismo mundo pero rebosante de libertad. Una libertad tal que permita al hombre abandonar prejuicios, etiquetas y apegos y donde sólo quede como resultado el amor. Un amor que además surgiría espontáneamente, sin esfuerzo. Un amor verdadero basado en la libertad y, sobre todo, un amor justo.
lunes, 19 de enero de 2009
LA ALIANZA
Dios ha constituido con nosotros una alianza. Mejor dicho, Dios ofrece una alianza a quien la quiera aceptar. Una alianza es un acto libre. Dios se compromete a darnos una vida plena a cambio de vivir para Él, de vivir tal como Él nos concibió. Desde el principio Dios concibió una idea del mundo, una idea de nosotros encaminada a la felicidad plena, a la unión con Él. Él viviría en nosotros y nosotros viviríamos en Él. No reconocerlo como Padre Nuestro, no reconocerlo como creador, no seguir la norma de vida que Él nos ha propuesto para alcanzar la verdadera felicidad: la libertad plena, el sentido de la justicia, el amor... Todo ello nos separa inevitablemente de la vida plena. A través de esta alianza nos comprometemos libremente a seguirle y Él se compromete libremente a llenar nuestro vacío.
lunes, 5 de enero de 2009
RENDIRSE Y CONFIAR
El espíritu se rige por una sabiduría inaccesible para nosotros. Sólo queda rendirse y confiar. Sólo queda predisponer el alma, estar abiertos a su aparición y acogerlo. Trabajar en nuestro interior para conocernos y entender por qué actuamos de esta o de aquella manera. En definitiva, observarnos, comprendernos y perdonarnos. Sobre todo comprendernos y perdonarnos. Observar las cadenas que nos esclavizan a tantas cosas, ponerlas frente a nosotros, sin miedo, asumir que existen por terribles que sean. No hay nada que temer pues Dios está con nosotros en este proceso. El mismo Jesús nos acompaña y nos alienta. En esto consistía realmente su misión. Dios se ha hecho hombre para acompañarnos como ser humano en el camino hacia la divinidad. Su infinito respeto por nuestra libertad le impedirá inmiscuirse pero su aliento, su confianza, su ejemplo y su enorme misericordia serán fundamentales en este proceso. Él estará con nosotros en este camino de autoconocimiento y de conversión. Conocerlo también a Él, tenerlo presente, dejar que "acampe entre nosotros" es por tanto la clave. Sólo así podremos acoger y recibir el espíritu de Dios. Rendirse y confiar, en esto consiste todo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)