"Se me ocurrió considerar nuestra alma como un castillo, todo de un diamante o muy claro cristal, donde hay muchos aposentos igual que en el cielo hay muchas moradas.
Pues considerando que este castillo tiene, como he dicho, muchas moradas: unas en lo alto, otras abajo, otras a los lados; y en el centro y mitad de todas tiene la más importante, que es donde pasan las cosas muy secretas entre Dios y el alma.
Pues volviendo a nuestro hermoso y deleitoso castillo, tenemos que ver cómo podremos entrar en él. Parece que digo algún disparate porque si este castillo es el alma, está claro que no hay necesidad de entrar pues el castillo es uno mismo... Pero debéis entender que hay diferentes formas de estar, pues hay muchas almas que están en la ronda del castillo, que es donde están los que le guardan, y que no tienen interés en entrar dentro, ni saben qué hay en aquel lugar tan precioso, ni quién está dentro, ni siquiera qué piezas tiene. Así pues, esto consiste en lo que ya habréis oído en algunos libros de oración que aconsejan al alma que entre dentro de sí misma... y ocurre que hay almas tan enfermas y acostumbradas a estar en cosas exteriores que no hay remedio ni parece que puedan entrar dentro de sí por la mucha costumbre que ya tienen de tratar siempre con las sabandijas y bestias que están en el cerco del castillo."
(TERESA DE JESÚS, CASTILLO INTERIOR I)
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