"En algún lugar de India tres hombres sabios se regocijaban ante la llegada de un circo que tranportaba un elefante blanco. Eran ciegos, pero no les importaba. Los tres estaban acostumbrados a conocer las cosas sólo con tocarlas. Sus manos les informaban de la textura, la temperatura, la forma y el tamaño de las cosas que palpaban. Así las reconocían. Llegado el momento, los tres sabios se dirigieron a la explanada donde se levantaba el circo y pidieron permiso para acercarse al elefante y tocarlo. El primero palpó su cabeza, las enormes orejas y los dos poderosos colmillos de marfil. 'Es como un tronco - pensó- cubierto con dos mantas peludas de las que salen dos lanzas'. El segundo sabio intentó rodear sin éxito el cuerpo del elefante. 'Es como un tambor forrado de pelo y apoyado en el suelo con cuatro patas', se dijo a sí mismo. El tercero se agarró de la cola del elefante y pasó un rato balanceándose. 'Es una cuerda gruesa y tiene un pincel en la punta', concluyó divertido.
De vuelta a casa discutieron apasionadamente durante horas sobre la forma y el tamaño del elefante. No lograron ponerse de acuerdo. Cada uno de los sabios tenía su propia percepción del elefante, que no encajaba con las demás."
Hemos discutido durante siglos sobre la idea de Dios. ¿Y vale la pena? Por desgracia estamos ciegos al igual que estos sabios o, como mucho, enormemente miopes. Tantos vínculos, tantas ataduras, tantos apegos nos impiden ver a Dios, percibirlo claramente tal cual es. Llegamos a lo más a palpar, a sentir únicamente parte de su esencia, y nos permitimos el lujo además de discutir y pelear sobre quién es Dios en realidad! Decía un autor muy divertido que la idea que el hombre puede tener de Dios es la misma que una hormiga alojada entre dos ladrillos junto al dintel de la portada de la catedral de Chartres puede tener del conjunto del edificio. Es enorme. No obstante, personalmente no me merece la pena preocuparme demasiado de su tamaño ni de su volumen, tampoco tengo interés en diseccionarlo como a una rana. Es un misterio que no tengo capacidad para comprender y además no me preocupa. Sólo me preocupa contemplarlo dentro de mí. Percibirlo dentro de los demás. Vivir en él.
"Aquellos tres sabios ciegos visitaron a un cuarto sabio que había visto con sus ojos al animal. Tras escucharle, descubrieron que cada uno de ellos tenía una parte de razón; pero sólo la parte que habían tocado, porque seguían sin conocer el tamaño exacto del elefante."
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