domingo, 26 de octubre de 2008
KIRA
"Yo no sé lo que es la vida ni lo que hará la vida con nosotros, sólo sé que no nos quebrantará. Esta es mi bandera". Así hablaba Kira Argounova a su compañero Leo en "Los que vivimos" de Ayn Rand. Kira, oprimida bajo la dictadura comunista vive en un estado de casi miseria en un mundo donde las libertades individuales han desaparecido en favor de un supuesto beneficio común. Pero ella no se somete. Tiene el convencimiento de que dentro de sí habita algo sagrado que nadie nunca podrá arrebatarle. Y quiere preservarlo. Lucha con todas sus fuerzas. Realmente es su única motivación para seguir adelante en la vida. Su familia y sus amigos van sometiéndose poco a poco al sistema, absorbidos por él; otros van cayendo en la bebida o simplemente mueren enfermos. Su día a día sólo se puede definir como patético: vive en una sola habitación junto a su compañero donde estudian, cocinan y duermen, colas de horas y horas esperando por una ración de pan, ropa remendada una y otra vez... y todo ello bajo el frío glacial de San Petersburgo. No se puede decir que odie la vida pero no espera nada de ella porque no le ha dado nada nunca. Le importa muy poco el pasado y el futuro. No obstante ella es libre. Tampoco sabe ni cómo ni por qué. No ha existido ningún proceso intelectual previo. Esa naturaleza sagrada que percibe dentro de sí, esa libertad interior le confieren una energía y una fuerza que la mantienen viva en medio de ese gran cementerio en el que se había convertido Rusia. Se trata de la fuerza del héroe que sobrepone su espíritu a la propia vida. La consciencia del hombre que se sabe "ser humano" por encima de todo, de la vida, de la muerte, de la enfermedad, de la salud, de la alegría, de la tristeza, de la razón y de la sinrazón. Ese héroe, ese ser humano, aliado de Dios que vive sólo para la libertad y a quien la vida no puede quebrantar.
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