miércoles, 15 de octubre de 2008

NOSOTROS, LOS ESCLAVOS

Sólo los que se sienten esclavos sienten la necesidad de buscar a Dios. Sólo los que se sienten aprisionados, en su mundo, en su mente, en su cuerpo! y que ansían la libertad por encima de todo, necesitan a Dios. Los corazones acomodados, aburguesados, utilizarán a Dios como seguro de vida, seguro de hogar y plan de pensiones para el futuro, como un ídolo protector que les mantendrá la seguridad de que disfrutan a cambio de una rutina de oraciones y actos de caridad vacíos. Se conforman, aceptan "su" realidad y se condenan a una vida de mediocridad pues en el fondo están renunciando a sí mismos. Los corazones inquietos no se conforman. Buscan más. No les basta con las pequeñas satisfacciones diarias de la vida material. Nada les llena, todo les parece poco. Buscan algo que les libere absolutamente. La liberación completa parece no encontrarse en este mundo. Saben que existe pero no la encuentran aquí. Ninguna de las maravillas de este mundo ha proporcionado a nadie la libertad que el corazón busca. Y es que la verdad no está ahí fuera, está ahí dentro. La vida interior parece llena de riesgos, no hay asideros donde agarrarse, no se sabe si alguna vez se va a poder volver atrás, se desconoce cuántos vínculos se van a romper con el mundo... pero en realidad ¿no son estas las consecuencias de la verdadera libertad? La libertad absoluta no puede ser a la carta porque, precisamente, es absoluta; no cabe elegir los vínculos que queremos mantener y los vínculos que queremos romper pues todo vínculo deja de existir. Es la confianza en Dios lo único que nos mantiene, lo único que nos sostiene. Sin esta confianza no hay libertad plena y sin ella el vacío permanecerá.

No hay comentarios: