lunes, 18 de mayo de 2009

ÉL VELABA A SU LADO

Reconocí mi alma dentro de mí, la vi claramente como si la tuviera justo delante. Estaba agotada. Quise volver a hablarle como la vez anterior pero ella estaba exhausta. Había estado caminando durante semanas, durante años. Vestida con trapos y con el pelo revuelto, algo hacía todavía recordar la belleza con que fue creada. Ahora simplemente era una pobre criatura perdida la que tenía frente a mí. Sucia y triste. Intenté darle ánimos hasta que, en un susurro, logré entender que me decía "Déjalo. Solos no podemos" y, rotos, nos abrazamos. Teníamos todo lo que el mundo pudiera desear, pero ninguna de aquellas cosas nos había dado la libertad, la verdadera libertad. Ahora, desesperados, ¿qué valor tenía esta vida? Entonces llegó Él y la tomó de la mano. Sabíamos que existía pero nosotros nos bastábamos, o creíamos que nos bastábamos. Hasta hoy, a punto de renunciar a todo. La condujo a una fuente apartada y allí entre los árboles con la mayor delicadeza la fue desnudando. Ella le dejaba hacer sorprendida y confiada. Él tomó un paño blanco, lo humedeció en el agua y, con la mayor ternura, comenzó a lavar sus heridas. Recorrió cada centímetro cuadrado de su piel limpiando sus manchas con un cuidado exquisito. Ella temblaba entregada, Él era todo amor "Eres mía y Yo soy tuyo", le susurraba. La cuidó durante días. Ella sólo dormía mientras Él velaba a su lado pendiente del más mínimo movimiento. Cuando por fin despertó apareció ante mí bella como nunca "Él es nuestro y nosotros somos Suyos", me dijo ella. Y mirándola feliz le contesté "Anda, vamos a contarlo!"

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