miércoles, 21 de abril de 2010

Es increible la maravilla del encuentro con Jesús, de poder tener una relación con Él, de vivirlo en mi interior! Por mucho que escape, por mucho que me aferre a mi vida burguesa y cómoda, por mucho que me apegue a las costumbres de cada día, a ilusiones que no tienen nada que ver con Él... ahí está siempre, llamando... "Paz a vosotros", como le dijo a los discípulos escondidos tras su muerte. Sin reproches. "Paz a ti".

Yo también me escondo, me pierdo, pongo excusas a mi encuentro con Él, me invento que no lo necesito... es demasiado cómoda esta cárcel de rutina tranquila y aventuras pasajeras. A veces no quiero ver lo que es evidente, es más cómodo así.

Pero Él vuelve: "Paz a ti". Y yo ya no puedo decirle que no. Entonces me abro, no tanto como yo quisiera pero le dejo entrar. No le permito quedarse tanto tiempo como a Él le gustaría. Aprecio demasiado mi control sobre las cosas, sobre mí mismo. Pero ese encuentro me transforma, me abre, me enseña más cosas sobre quién soy yo, quién es Él... me ofrece la verdadera dimensión de este mundo.

Y me invade la felicidad más grande, tan grande que no la puedo soportar...: me supera, me desborda... me aterra! No puedo con ella! Así que... tristemente... vuelvo a lo mío, a lo que conozco, a mi rutina... Y así hasta la próxima vez! Porque Él siempre vuelve... gracias por volver!

1 comentario:

Unknown dijo...

Medito tus palabras... me conmueven, me cuestionan hasta límites que ni imaginas... me remecen, me alucinan, me resultan familiares y al mismo tiempo me dan miedo... Me gustaría comentarlas con más tiempo y calma... pero resulta difícil encontrar ese tiempo... No se... lo intuyo en tu forma de estar, de ser, pero... uufff... esto me impresiona te lo aseguro.