Ayer aprendí algo nuevo. Aprendí que la vida plena no consiste únicamente en amar. No, es preciso también... desear!
Sí! Desear ardientemente! Hacerlo con todas las fuerzas, con todo el corazón... comprometer en ese deseo todo nuestro ser, toda nuestra energía... hasta consumirnos! Desear hasta el extremo.
Dios nos pide que deseemos y no sólo algo tan abstrapto como un mundo mejor... nos pide que nos comprometamos, que nos impliquemos interiormente en los problemas de esta o aquella persona. Que deseemos a morir que sus ataduras se rompan y se libere por fin.
Aunque desear es exponerse al sufrimiento, es saber que inevitablemente el dolor estará presente! Pero... no es un dolor que da la vida??
Muchas veces la oración no es otra cosa que deseo, deseo en estado puro. Es consumirse en ese deseo ante Dios y empaparse en lágrimas... es entrega total hacia una causa que creemos justa y buena y gritar de rabia deseando que triunfe.
Yo aprendí hace muchos años: "Cuidado con lo que deseas". Porque desear significaba perder el control sobre mí mismo, signficaba dejarme llevar por un impulso desconocido, sin control...aterrador! Procuraba ponerme de perfil, no implicarme... No dejando que las cosas superaran una justa medida no sea que apareciera el deseo y lo desbordara todo. Todo medido, todo controlado. Sin comprometerme con el mundo...
Ahora quiero olvidar eso que aprendí.
Porque ahora mi deseo está ligado íntimamente a la confianza en Dios... Ahora "me lanzaré al fragor de la batalla dejando mi corazón junto a los pies de loto de mi Señor".
Desear ardientemente, confiar ciegamente... para vivir... hasta el extremo!
1 comentario:
No en vano dicen que el primer paso de tener fe consiste en ¡ desear tener fe !
Un abrazo y buena semana
Víctor (de los "bajos")
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