Ayer contemplaba un icono de Cristo en la Cruz. Lo miraba fijamente a la luz de una vela.
La cara de Jesús no expresaba sufrimiento, expesaba más bien tristeza. Sentí dentro de mí una gran compasión.
Entonces pensé... "Me estás enseñando a amarte".
Has venido al mundo a mover nuestros corazones, a mostrarnos a Dios pero sobre todo, a que sintamos a Dios!
A despertar en nosotros los sentimientos de compasión, de ternura, de admiración hacia Dios que son los que conforman el amor.Y es que a través de tu vida voy aprendiendo a amar a Dios. Te veo niño en el pesebre y se despierta en mí la ternura, la ternura hacia Dios!, te veo curando a los enfermos y se despierta en mí la admiración por tu sensibilidad, la admiración hacia Dios!, te veo anunciando el Reino de Dios y me siento seducido, atraído, quiero escuchar más, quiero seguirte! Y te veo amarme y te veo sufrir y me rompo por dentro. Y estalla entonces todo mi amor por ti, todo mi amor por Dios.
Y viene a mi mente aquel poema...
"No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera."
No hay comentarios:
Publicar un comentario