domingo, 3 de abril de 2011

OBSERVANDO MI CORAZÓN

Estos días de Cuaresma estoy haciendo un esfuerzo constante por examinarme a mí mismo.

No de manera agresiva y dura... no, no. Así no.

Quizá examinarme no sea la palabra.... quizá sería mejor decir, observarme. Eso es. Observarme sin juzgar, simplemente tomando conciencia de mí mismo, de los movimientos de mi corazón.

Así que cada vez que mi corazón reacciona negativamente: una decepción, una contrariedad, un sentimiento negativo hacia alguien... En ese momento me paro. Y me reto a mí mismo a averiguar qué sucede realemente: por qué me he sentido así?

Enseguida aparecen los miedos que lo bloquean todo o la misma comodidad: es más fácil no hacerse preguntas y pensar en otra cosa, u obtener otra satisfacción que compense este sentimiento negativo.

Pero entonces me digo, "no, no, sigue preguntándote, vale la pena saber la verdadera razón de los sentimientos!".

Así que en ese momento me propongo ser lo más honesto posible conmigo mismo y me dispongo a tirar del hilo. Y poco a poco aparecen descubrimientos fantásticos!

Un "por qué" viene encadenado a otro "por qué" y este a otro, y así sucesivamente... Hasta llegar a la verdadera razón, al verdadero motivo que yacía ahí en lo más profundo, oculto entre mil pliegues.

Todo encaja en ese momento! Y es maravilloso percatarme que mis sentimientos negativos desaparecen automáticamente cuando me percato de su verdadera razón.

Esto es para mí una verdadera reconciliación. Conmigo mismo y con los demás.

También disfruto de la tranquilidad de saber que todo tiene un porqué. En cierto modo empiezo a pensar si de verdad Jesús no vino en realidad a enseñarnos, sobre todo, ese camino interior de búsqueda de nosotros mismos, a animarnos a recorrerlo, a darnos luz para encontrar las respuestas. Creo que además, estas pequeñas "reconciliaciones" hacen que el amor brote sin esfuerzo, de manera espontánea.

Y me siento más que nunca hermanado con los demás.... Todos estamos enredados en una maraña de porqués sin descubrir!

Le pido a Dios entonces valor, mucho valor! para enfrentarme con su ayuda a esos porqués.

Y poder vivir libre finalmente!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Fernando, mil gracias por tus reflexiones!! RIL