miércoles, 22 de octubre de 2008

¿ENTONCES NO SE TRATABA DE UNA EXPLOSIÓN TERMONUCLEAR?

Pues no. No se trataba de una explosión termonuclear. Tampoco se trataba de un castillo de fuegos artificiales con la cabalgata de las Walkirias de fondo. Los grandes festivales místicos que han representado pintores y escultores a lo largo de los tiempos con santas en trance, rayos, truenos y ángeles tocando la trompeta no pueden ser el escenario de un encuentro con Dios. Dios no necesita de timbales y platillos para presentarse como si fuera un gran príncipe. Es el hombre quien necesita de grandes emociones y por tanto no concibe encontrarse con Dios si no es en un marco de pompa y circunstancia. Dios es la humildad, la delicadeza y el respeto elevado a la quinta potencia. Si miramos a nuestro interior, si superamos el laberinto de nuestra mente y conseguimos alejarnos por un momento del mundo exterior lo percibiremos en ese enorme silencio. Y comprobaremos que su presencia no busca otra cosa sino simplemente que sepamos que él está ahí y que el mundo no se reduce a cinco sentidos y tres dimensiones. De hecho, quién no ha sentido una enorme paz, libertad, en determinados momentos de soledad, en el campo, en el mar...? Momentos en los que, por las circunstancias que sea, nos despegamos del mundo, nos despegamos de nosotros mismos... todo nos da igual y ... sentimos algo en nuestro interior. Ese algo, esa presencia. Por desgracia no todo el mundo reconoce a Dios en esos momentos porque Dios no puede ser tan pequeño, ni tan simple, qué desilusión!. Pero él vuelve a presentarse de manera silenciosa, de puntillas, de la manera más dulce, ...casi pidiendo permiso.

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