jueves, 18 de diciembre de 2008
ESPÍRITU
El espíritu es el que nos da la vida. De él procede nuestra motivación, nuestra fuerza para afrontar los problemas. De él procede nuestra alegría. Nuestra actitud ante los demás y nuestra actitud ante nosotros mismos. El espíritu lo es todo. Por más que nos esforcemos no llegaremos nunca a convertirnos en los seres perfectos que ansiamos ser, nuestra debilidad como seres humanos hace que eso sea imposible. Nadie, ni siquiera el propio Dios, puede esperar eso de nosotros. Son demasiadas limitaciones. Sin embargo sí podemos buscar el espíritu que queremos que nos habite. Estamos llamados a compartir el espíritu de Dios pues somos de la misma naturaleza que Dios mismo. No consiste en "hacer las cosas según su espíritu", consiste en ser conscientes de la presencia de ese mismo espíritu en nuestro interior. Debemos descubrirlo, conocerlo, sentirlo, vivirlo. Debemos dejarlo libre, apartar todo aquello que nos ata, que nos oprime, sea bueno o sea malo. La apuesta es radical. Todo o nada. Jesús nos recuerda que debemos amar a Dios con todas nuestras fuerzas, nuestra alma y nuestro corazón. Es un amor extremo que exige una búsqueda plena, sin condiciones. Apartar todo, absolutamente. Conforme avanza el proceso de liberación el espíritu se irá haciendo más y más grande en nuestro interior. Los miedos por otro lado se harán también mayores pues iremos perdiendo la seguridad que nos ofrecían nuestras ataduras, nuestros vínculos a las cosas de este mundo. Se corre el riesgo de detenerse o de volver atrás. Pero vale la pena seguir, seguir, seguir pues lo que está en juego es la verdadera vida, la que da el espíritu de Dios.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario