jueves, 2 de abril de 2009

AHÍ DENTRO

Ahí dentro hay un país entero formado por territorios extensísimos, muchos ya los conoces, otros todavía no. Valles profundos surcados por rápidos van a dar a lagos inmensos donde empiezan las montañas, altas, imponentes. Éstas terminan dando al mar, adonde se asoman bruscamente en algunos puntos y en otros convertidas ya en colinas con pastos verdes que llegan suavemente a la arena de las playas. Esta es tu herencia. Es un territorio virgen que se te ha regalado. Eres el señor de estas tierras y tienes libertad para gestionarlas a tu antojo; tienes libertad para no gestionarlas en absoluto; incluso tienes libertad para venderlas o regalarlas. Es tu propiedad y es tu libertad y esto bastaría para amarlas. Para sacarle el mejor provecho es fundamental conocer tus dominios, conocer sus límites, explorarlos hasta el último rincón, recorrer sus campos y navegar por sus mares. No obstante, nunca terminarás de conocerlos, ya sea por su extensión o bien porque probablemente evolucionarán constantemente y allí donde hoy hay arenales dentro de unos años quizá hayan llegado las marismas... o al revés. No desesperes en todo caso, si bien ten por seguro que cuanto más los conozcas más los amarás. Habrá zonas que necesiten más cuidados y te exijan trabajar con más esfuerzo, no las odies ni les cojas manía, recuerda que estás en un territorio casi virgen. En otros lugares inexplicablemente todo crecerá sin esfuerzo, pero no te confíes, vigílalos. Desde tus fronteras puedes ver otros países con maravillas aparentemente aun mayores pero este es el tuyo y ya sólo eso basta para amarlo. Además, detrás de esas maravillas quién sabe lo que se esconde, tú no puedes ver lo que hay más allá. Has recibido tu herencia de un Dios, sus posibilidades por tanto son infinitas. También lo es tu capacidad para tranformar este jardín en un vergel, si no, no te quepa duda que no se tu hubiera concedido. Así que mírate, vuélvete hacia ti mismo... y maravíllate.

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